Por supuesto, después de la destrucción de ésta por parte de Alejandro Magno (en Irán lo llaman simplemente Alejandro), no queda mucho, pero lo disponible, donde los relieves resaltan, da una idea de lo grandiosa y especial que fue esta capital de uno de los imperios persas. Froté el dedo sobre una piedra algo ennegrecida, no creo que lo haya imaginado, olía a quemado todavía (la destrucción fue por incendio). De Shiraz no se puede, en estas cortas historias, decir mucho después del aturdimiento de Isfahan, las mezquitas son del mismo estilo pero no tan bellas. Hoy en la noche comienza un largo recorrido que concluirá ya en el incógnito Turkmenistán, cuando habremos dejado Medio Oriente para entrar en Asia Central.
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