Nueva vida en Argentina travel blog


No podía ser de otra forma, después de la magnífica noche que tuvimos ayer, la resaca tenía que llegar. Pero he de decir que sorprendentemente y en contra de lo esperado (teniendo en cuenta que me bebí hasta el agua de los floreros), apenas tengo un leve dolor de cabeza.

Anoche fuimos a casa de una amiga de Valle, Silvia. Es un encanto de mujer, ya la conocí hace 3 años en mi anterior viaje. Organizó una cena para su familia y nos invitó a los tres (Demián, Valle y yo porque Candela pasaba la noche con su novio).

La casa está a tan sólo 10 minutos de aquí andando. El trayecto Valle y yo lo pasamos cantando villancicos, saludando y felicitando a todo aquél que nos cruzábamos y, como consecuencia, avergonzando a Demián (ésta es la parte que más nos divertía).

Al llegar a la casa nos recibieron con los brazos abiertos. Como sabían que yo vengo de España, todos y cada uno me daban la bienvenida al país y me deseaban que tuviera una feliz estancia. Los argentinos son tremendamente acogedores, intentan hacerte sentir como en casa, y en mi situación estas demostraciones se agradecen muchísimo.

La mesa estaba preparada a todo lo largo del precioso patio que ocupa el centro de la casa. No las conté pero creo que éramos unas 30 personas. Al final de la mesa, había dos altavoces tan altos como una persona, tres micrófonos y un proyector con karaoke. De esta parte se encargó Gabriel, el hermano de Silvia que hace programas en la televisión de animación para niños.

La comida transcurrió con normalidad y la conversación se centró un poco sobre España, ya que todos tienen curiosidad por saber cómo está la vida allí.

Al llegar las 12 alzamos la copa y nos abrazamos con cada uno para felicitarnos la Navidad y desearnos lo mejor.

Ahí comenzó Gabriel con el karaoke. Yo, que no tengo verguenza ninguna, salté enseguida a la improvisada pista y comencé a cantar.

Así transcurrió la noche, entre canción y canción, entre melones cortados rellenos de todo tipo de alcohol (de eso se encargaban los más jóvenes de la familia) y también, cómo no, entre copas de Fernet Branca con cocacola, que es la bebida preferida e inventada por los argentinos.

Hasta Demián se animó a cantar, increíble pero cierto. A eso de las 3 de la mañana se unieron a nosotros Mati, Ceci y Pancho y también se animaron a cantar. Si es que ésto es contagioso!

Cuando me quise dar cuenta, miré al cielo y estaba amaneciendo, eran las 6 de la mañana. No sé cómo corrió tanto el reloj esta noche. Entre despedidas, abrazos y agradecimientos eternos por mi parte, llegamos a casa como a las seis y media.

Y aquí estoy, saboreando y disfrutando la resaca, ya que cada punzada que me da la cabeza me acuerdo de los momentos tan buenos que pasé ayer y los vuelvo a revivir.



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