De Hong Kong nos fuimos en metro a la frontera con ShenZhen, una de las ciudades comercialmente más poderosas de China. De allí íbamos a coger un bus nocturno para llegar la mañana siguiente a YangShuo, una aldea rodeada de picos de piedra caliza a la orilla del río Li que hace uno de los paisajes más lindos de toda China, o por lo menos eso dice la gente.
Cuando cruzamos la frontera, los agentes migratorios chinos revisaban y revisaban mi pasaporte por ser de un país tan desconocido. Esto me pasa todo el tiempo y me llena de tensión porque estos comunistas son son unos grandes zocados con eso de la migración. Me hicieron pasar a un lado y pasaban el pasaporte por lámparas de luz negra y una lupas grandes para ver que no fuera falso. Revisaron página por página unas tres veces hasta que me lo regresaron con gesto de inseguridad. Esa fue mi bienvenida la utopía del comunismo capitalista.
Llegamos a Yangshuo muy temprano por la mañana del día siguiente y desgraciadamente pasó lloviendo todo el día. No pudimos ver mucho de las montañas y menos dar un paseo en barco por el río. Fue bastante frustrante pero de todas formas quedamos impresionadísimos con lo poco que vimos de esas montañas. Son muy pero muy bonitas y comprueban que los paisajes chinos que vemos en las pinturas no son producto de la imaginación de quienes los dibujan.
El tiempo que no usamos para conocer lo ocupamos en comer. Como a la Gaby y a mí nos encanta pasar hartando todo el día (no hay palabra que lo describa mejor) pasamos saltado de restaurante en restaurante hasta que nos fuimos a GuiLín. Esta última es la ciudad desde donde cogeríamos el tren hacia Beijing (Pekin). Conocimos un poco mientras esperábamos y yo trataba de hacerme a la idea que estaba en China.
Hay que entender que como he estado en Taiwán aprendiendo Chino durante dos años, China es una especie de limbo para mí. En Taiwán, China es un lugar que todo mundo conoce y del que todo mundo habla, a parte de que allí se vive la misma cultura y se habla el mismo idioma. Para mí se convirtió en eso de lo que todos hablan, aunque virtualmente nunca había estado en China y ésta seguía siendo una mancha blanca en el mapa mundial que existe en mi mente. No sabía que esperar, y descubrí que es exáctamente como los Taiwaneses lo describen: un lugar enorme llenísimo de gente con no tan buenos modales (esto es cierto y no es cierto, pero eso lo voy a explicar un poco más adelante). Además, el acento Chino del sur es bastante parecido al taiwanés y por eso me sentí bastante contento al poder darme a entender perfectamente con los locales. Siempre tuve la idea de que mi chino en China no iba a funcionar por ser tan distinto, pero no, obviamente es el mismo lenguaje... De GuiLín cogimos un tren de 26 horas hacia Beijing.